En nuestro restaurante de Pamplona venimos observando desde hace tiempo y cada vez más, cómo nuestra clientela ha ido cambiando de costumbres a la hora de comer y beber. Antes se optaba por las rondas de poteo mucho más extensas y se demandaban generosas raciones o platos de fritos o pinchos en abundancia. Ahora se apuesta por probar nuevos vinos y por comer menos cantidad, pero decantándose por degustar las nuevas tendencias en gastronomía.

De hecho, los pinchos han dejado de ser una rebanada de pan con algo encima o los clásicos fritos para convertirse en auténticos homenajes a la cocina en miniatura. Los más clásicos han ido cediendo su espacio natural a otros provenientes de la cocina creativa, por lo que cada cliente tiene muy claro su intención de probar sabores nuevos y mejor si estos son acompañados de vinos sorprendentes.

De hecho, en el maridaje está uno de los grandes cambios que venimos observando. Al clásico chacolí o al vino de Rioja se le van añadiendo denominaciones de origen de toda España y de parte de Europa. El cliente ya no es alguien que busca beber vino con algo para comer, ahora es casi un experto que quiere tener una experiencia sensorial distinta y llena de matices, y se encuentra más abierto a dejarse sorprender.

Por este motivo, los restaurantes cuentan cada vez con cartas de vinos más variadas, que ayudan a que cada cual escoja la opción que prefiera. En nuestro caso, solemos aconsejar maridajes diferentes que complementen los sabores de cada plato. En este sentido también venimos apreciando un interés por probar de todo, pero en menor cantidad, lo que ha derivado en que cada vez sean más demandadas las degustaciones que permiten recorrer lo mejor de la carta en pequeños homenajes.

Cada receta se convierte así en una pincelada de sabor que no permite caer en el aburrimiento. La calidad se prefiere a la cantidad y el esfuerzo por darle una vuelta de tuerca a los platos más tradicionales de la gastronomía navarra está siendo muy bien recibido por parte de los que vienen a probar nuestra oferta.

De todo lo anterior se deduce que el público ha aprendido a comer bien y a beber en consonancia con lo que se degusta. Ahora se prefiere tomar varios pinchos y seleccionar el mejor vino para cada uno de ellos. Se busca mucho más estimular el paladar y los sentidos, convertir la comida en un variado cúmulo de sensaciones y no caer en lo de siempre.

Se trata de buscar un cambio en la forma de hacer la cocina tradicional para ofrecer nuevas experiencias a los clientes. Así, en nuestro gastrobar, es posible degustar desde una croqueta tradicional elaborada con los mejores ingredientes y adaptada al gusto más actual a un elaborado pintxo expresión de la nueva cocina creativa. En ese amplio abanico de opciones reside, precisamente, la oferta de nuestro gastrobar.

Todo sea por seguir subrayando los valores de nuestro restaurante y por convertir cada visita a nuestro espacio en algo inolvidable y renovado. El poteo y los pintxos se convierten así en una conjunción de factores marcada por una diversa carta de vinos y por una materia prima de excelente calidad que sorprenderá al comensal más exigente.