El bar MOKA de Pamplona fue proyectado en el año 50 por Gómara. Su diseño original estaba muy en sintonía con las tendencias de estilo de la época y a buen seguro que resultaría un local muy moderno y elegante con gran repercusión en el momento de su inauguración. En su decoración se utilizaron elementos muy característicos de las intervenciones de esos años como el falso techo de sinuosas formas, el mural bajorrelieve con temática marina realizado por el pintor Crispín, o los pilares forrados de gresite brillante. También resulta impactante el gran lienzo de aplacado de lajas de mármol colocadas de canto con un nicho de madera que aloja el botellero.

El local, muy frecuentado por industriales y personas ilustres de la ciudad era también del gusto de célebres pintores y otros artistas y como no su anecdotario es enorme. Desde las grandes apuestas en las timbas de cartas y parchís hasta la venta de ancas de ranas que eran guardadas vivas en un secreto pozo del sótano.

El cuadro que aquí se reproduce pintado por Jesús Basiano representa a Crispín subido en el andamio mientras Gómara observa cómo realiza el bajorrelieve de la pared que le encargó después de ver una película de Esther Williams.